En fin, aquí estamos otra vez. En parte siento cierto recelo, estoy reviviendo algo que murió por un motivo determinado. Pero ciertos acontecimientos recientes, me han impulsado a hacerlo. Creo que puedo decir que he sentido exactamente lo mismo que hace años, esa rabia, esa impotencia. Ese enfado que nace en la incapacidad de acción contra hechos que creemos injustos, y que de no canalizarlo, deriva en pura frustración. Y vivir crispado es algo realmente jodido.
La motivación de esta entrada en particular, la ha propiciado, sin saberlo, cierta persona que milita en el Partido Popular del País Vasco: Arantza Quiroga.
Uno muchas veces se pregunta, desde sus escasos conocimientos, hasta dónde es permisible la libertad de expresión. Hasta dónde deben permitir los grandes medios (o en su defecto las entidades que ejerzan algún tipo de control sobre ellos) que las personas a las que entrevistan expresen sus ideas para que el resto tengan acceso a ellas. Y me explico:
La influencia que ejercen corporaciones religiosas como la Iglesia Católica sobre la población, es enorme. Miles de fieles acuden a los actos que organizan, miles de personas, aunque afortunadamente cada vez menos, toman como cierta su obsoleta doctrina apenas sin cuestionarse nada. ¿Hasta qué punto es lícito que el Papa manifieste su desprecio hacia el uso del preservativo? ¿No se puede considerar esto como un atentado contra la salud pública?
Oigo a mucha gente decir que hay que respetar todas las doctrinas, que toda idea tiene cabida. Amigos, no toda idea tiene cabida. Ni mucho menos. Seguramente dais por válida, y aludido se da el que debe, ni el que puede ni el que quiere, toda doctrina que no ataca la vuestra, bien por simpatía o bien por ignorancia. Pero este es otro tema.
Claro está, volviendo al asunto que nos atañe, el problema viene a la hora de valorar qué ideas, qué corrientes son las “buenas” y cuales las “malas” y sobre todo, y fundamentalmente, porqué. Como es lógico, este asunto es delicado y de una dimensiones colosales. No creo que sea posible determinar un algoritmo o una amalgama de características aditivas que determinen qué identidad es correcta (voy a dejar de lado también la distinción entre moral y ética) y cual no. En cambio, creo que basta que cumplan una sola de las, digamos, características excluyentes, para determinar con relativa precisión qué no es correcto.
Y voy al grano: en nuestra sociedad, en el siglo 21, y en el seno de la naturaleza humana que conforma nuestro raciocinio, ¿cómo podríamos, si no estuviéramos enajenados o alienados de alguna manera, desear o permitir (en este caso claramente permitimos, o permiten) que otras personas, bien en su inconsciencia, bien en su ignorancia, contraigan enfermedades que hagan que su calidad y esperanza de vida se vean mermadas en gran medida? Y también, y en igual grado de importancia: ¿Qué persona sensata hoy en día, no basa en la razón la decisión de tener descendencia, dejando de lado la más que segura ansia por crear algo basado en el amor?
Señora Quiroga: Respeto su decisión vital de profesar en el seno de su familia la doctrina del Opus Dei. Créame, la respeto. También le diré, no obstante, que no podría estar más en desacuerdo con toda ella, pero dado que considero (y esto es una de las cosas de las que más orgulloso me siento en la vida, el conocer y aplicar lo que voy a decir a continuación) que mi libertad comienza donde empieza la suya y viceversa, respeto lo que haga en su casa e inculque a sus hijos, como espero que me respete, en su caso, usted a mí.
Ahora bien, de ningún modo, y repito, de ninguna manera sobre la faz de la tierra tolero que usted exprese sus… no sé qué apelativo poner, digamos sus obsoletas e incomprensibles ideas sobre el uso del preservativo públicamente. Usted, antes como candidata a la Presidencia del parlamento (cuando vertió este esperpento) y ahora como Presidenta, debería ceñirse a la política de su partido a la hora de hacer declaraciones. Y por diversos motivos, liderados por una más que evidente falta de sentido de la responsabilidad, ya que, y al menos espero que ahora sea en cierto modo consciente de esto, usted, como persona pública que es, influye en la gente, principalmente en los militantes más jóvenes de su partido, pero también, imagino, en otras personas.
Su particular (y para mí imaginativa) visión del mundo, no nos atañe al resto. Espero que tenga bien claro, que sus hijos crecerán. Y follarán. Y Dios Santo, si yo fuera padre, me gustaría que tuvieran en la cabeza algo de conciencia y criterio para saber con quién follar y cómo, aunque sea una persona con la que quieran pasar el resto de su vida, ya que esto, aunque en su mundo de mágica fantasía quizá sea impensable, no te exime de padecer enfermedades infecciosas.
También deseo, que sus hijos tengan la fortuna de poder permitirse traer al mundo miles de vástagos, sin preocuparse en absoluto del dinero, porque tristemente, es de lo que va el Capitalismo, de pasta, de plata, y esto es algo a lo que no todo el mundo tenemos acceso ilimitado. Nuevamente confío en que si alguna vez soy orgulloso padre de una criatura, tenga el ahínco y paciencia necesarios para enseñarle a valorar cuando es un momento idóneo para tener hijos, con el objetivo de que no tenga que acabar sus días debajo de un puente.
Otro motivo por el que considero que cualquier persona ligada a la política debería ceñirse a la política, valga la redundancia, es que, por si no se habían dado cuenta, la cosa va de eso, de política. No de religión, no de dogmas basados en la fe, ni en leyes escritas en tablas de piedra hace 2000 años. La cosa va de POLÍTICA. No hay un ministerio ni una consejería de Fe, ni de Deidades, porque de todo eso, se encarga la Iglesia, o la religión pertinente, que es (o debería ser, tristemente aún ejerce férreo control sobre el Sistema) totalmente ajeno a la gestión del Estado, y una elección a tomar a título exclusivamente personal. Con esto reitero el aspecto que trato aquí: no mezcle las cosas, y si va a hacerlo de todas formas, escoja bien lo que dice, porque todo el mundo oye, algunos escuchan, y unos pocos se dan cuenta sobre qué va la fiesta.
Bastante tenemos con los Obispos, que además de ser enviados del mismo Cristo son científicos capaces de medir en sus diócesis el diámetro del virus del sida y de los poros de los preservativos, como para que encima emisarios de mensajes obsoletos nos jodan el día con sus monsergas sectarias.
